Nacional

La crisis según Maza

Se mantuvo en silencio durante estas semanas de estallido social y político. Miraba los hechos, reflexionaba, trataba de entender. Dice que ha estado muy confundido. En su primera entrevista después del inicio de la crisis, el profesor José Maza habla de las distintas formas de violencia, de su mirada al Presidente y a los políticos en estos días, del acuerdo por una nueva Constitución, del hipotético caso en que él estuviera disponible para integrar el grupo de ciudadanos que va a cambiarla.

“Oohh”, se le escapa a José Maza (71). El astrónomo y académico de la Universidad de Chile, que se ha convertido en una especie de rockstar por sus libros y sus masivas charlas científicas, pronuncia esa interjección y mueve la cabeza. Entra a la Plaza Italia sorprendido, con un ceño incómodo clavado en el rostro.

No había venido aquí desde que explotó la crisis social hace cinco semanas. Mira los rayados en todos los frontis que rodean el lugar. Los rastros de incendios. La entrada del metro destruida. La tierra seca donde alguna vez hubo pasto.

El aire aún hace picar la garganta y molesta en la nariz. Se ven carabineros caminando, todavía sin apuros. Ya hay un par de manifestantes con carteles y banderas sentados a la sombra. Son las 8.30 de la mañana.

“Oohh”, vuelve a repetir el profesor Maza.

El fotógrafo le pide que se pare frente a la estatua de Manuel Baquedano, rayada de arriba a abajo. El locuaz astrónomo está silencioso. Sólo le sacan unas palabras las seis personas que pasan cerca y lo reconocen con entusiasmo. “Grande, profe”, le gritan algunos. Todos se sacan selfies con él. Este miércoles temprano, en medio de la llamada zona cero del estallido social, él está de chaqueta, corbata y boina.

José Maza, quien además de experto en supernovas y cuásares se ha ido transformando hace un par de años en un agudo observador de la realidad, no ha hablado durante estas semanas. Ha estado reflexionando sobre lo que ha pasado en Chile; y además estuvo dos semanas en Estados Unidos visitando a una hija. Pero regresó y ya está conectado. Con ganas de conversar y lanzar esas frases suyas que son como golpes al mentón, entre la ironía y el desparpajo.

Dos días antes de pisar la zona cero, sentado en su oficina del CATA (Centro de Excelencia en Astrofísica y Tecnologías Afines), habló de esta crisis que dice que lo tiene confundido, pero desde la cual mira el futuro con optimismo. “Un razonable optimismo”, precisa.

***

-Hace dos años me dijo en una entrevista: “No estamos tomando ningún atajo para ponerle freno en transformar a Chile en una sociedad de castas, los de aquí, los de acá, los de allá. Es terrible. Estamos en un gallinero donde cada cual está sentado en un palo que protege de los otros”. O sea, el diagnóstico lo tenía. ¿Pero se imaginó una explosión así del malestar acumulado?

-Tenía el diagnóstico de que en este país hay una estructura tremendamente clasista. De que, así como en la India, aquí también funcionan castas para las cuales todo está escrito. Creo que en el fondo, este estallido lo provocó ese señor en un lago del sur, el Ranco creo, que echó a tres personas porque estaban en “su” lago, en “su” orilla. Esa imagen de ese señor echando a tres personas de su propiedad es una falta de respeto y de dignidad con el otro.

-Pero el malestar que estalló desde el 18 de octubre en el país, ¿lo sorprendió o no?

-La verdad es que sí. No me imaginé una explosión así del malestar. Yo he estado mirando lo que ha estado ocurriendo y no he querido hablar. Me han invitado de muchos lados y no he ido, porque estoy confundido.

-¿Por qué confundido?

-En Reñaca hubo un asunto donde un ciudadano norteamericano sacó su arma, disparó e hirió a uno en una pierna. Pero también los carabineros tiraron balines a los manifestantes. Y luego, cuando un grupo descolgado se puso a quemar un restaurante, los carabineros se retiraron. Eso me confunde, ¿por qué los carabineros le tiran balines a los que están cantando “El derecho de vivir en paz”; y se retiran cuando hay una turba? Yo entiendo que si viene una turba de 5 mil personas, todo el mundo tiene que irse a meter a una cueva. Pero aparentemente en este caso eran 5 ó 10 personas que se descolgaron y se fueron a quemar y saquear un restaurante; ¿por qué los carabineros no los pararon? O cuando se saqueaba un supermercado, los carabineros tampoco intervenían. Y por otro lado, está también la violencia extrema.

“A mí no me gusta que haya estado de emergencia ni toque de queda; pero ¿cuál era la alternativa?, ¿con qué parabas los saqueos e incendios? Si yo hubiera tenido que tomar la decisión, también hubiera sacado los militares a la calle”.

-Hay más de 20 muertos. Hay cerca de 2.500 heridos, más de 200 con daños oculares. Hubo saqueos, incendios, zonas arrasadas.

-Claro, y miro todo eso con tanta confusión como todos. He visto saqueos absurdos, violencia desatada. He visto acciones en la Plaza Italia muy violentas, como cuando le tiraron una bomba molotov a un vehículo de carabineros y un grupo de jóvenes saltaban y apuntaban con láser: si el vehículo se hubiera quemado realmente y los carabineros hubieran salido como una antorcha humana; yo creo que el delirio de ese grupo habría sido máximo. ¿Cómo un ser humano puede gozar con el daño que le hace a otro ser humano? También es inaceptable que los carabineros le disparen balines a la cara a los jóvenes que están en un mitin. Esos fusiles son para enfrentar motines, no mitines. Parece que el general director de Carabineros escuchó mal o confundió las palabras. No es lo mismo un grupo que saquea el hotel Principado de Asturias y botan su mobiliario a una hoguera, que las personas que están en la Plaza Italia cantando y enarbolando banderas. Si la policía tiene grupos de inteligencia, ¿cómo no van a poder separar la paja del trigo?

-Critica ese actuar de carabineros, pero parece más crítico con el vandalismo.

-Yo estoy totalmente en contra de los excesos policiales. Pero me pasa también que cuando hay un saqueo y luego queman un supermercado, me quedo mudo. No entiendo. Porque si saquean un supermercado, uno puede decir: bueno, un supermercado o un mall de alguna manera es un símbolo del consumo y la opulencia, hay hasta paté de faisán adentro y la gente que va todos los días a comprar una marraqueta con dos torrejitas de mortadela le va tomando bronca. ¿Pero quemarlo? Dejan sin pega a 50 personas que trabajan allí, producen un daño enorme. Aunque a mí lo que me produce angustia, y recuerdo ese tango que dice que “el que no afana es un gil”, es cuando están asaltando un supermercado y llegan familias en 4×4 a robarse un plasma porque están todos robando. Hay un dicho que odio y que dice: la ocasión hace al ladrón. No, señor. La ocasión le permite al ladrón expresarse. Yo no he robado nunca en mi vida; el supermercado puede tener las puertas abiertas y jamás voy a entrar a robar a él. Necesitamos más educación, que cada cual sepa que si lo que está ahí no es tuyo debe ser de alguien, entonces no te lo lleves. Uno de los problemas de este estallido social es que les estamos enseñando a robar a nuestros hijos. Si los papás llegan en su 4×4 con tres plasmas, les están enseñando a sus niños que ser vivo es ser deshonesto; y que ser honesto es ser gil.

José Maza
CRÉDITO: MARIO TÉLLEZ

-¿Estuvo de acuerdo con la decisión de decretar estado de emergencia y toque de queda?

-Tengo sentimientos encontrados. Todo ha sido como un poquito surrealista. Salieron los militares a la calle y los que vivimos el golpe militar, donde te mataban porque preguntabas la hora con mala cara, los vemos y nos ponemos manos arriba inmediatamente. Pero muchos de los cabros no les tenían miedo, los enfrentaban pese a que los milicos tenían una metralleta cruzada en el pecho. Una cuestión insólita. Pero yendo a tu pregunta… creo que era una decisión muy difícil, a mí no me gusta que haya estado de emergencia ni toque de queda; pero ¿cuál era la alternativa?, ¿con qué parabas todos los saqueos, todos los incendios? Si yo hubiera tenido que tomar la decisión, también hubiera sacado los militares a la calle.

***

Pero el profesor Maza habla también de otras violencias. Que no están en la calle, que empezaron antes. “La calle ya habló, hablaron los ciudadanos, pero quisiera escuchar lo que me dicen los que han estado abusando y que por 30 años generaron violencia. Las AFP, las isapres, las farmacias. Esa es una violencia elegantísima, bonita, dentro de los márgenes de la ley, pero es una violencia absoluta. Yo tomo un medicamento para la hipertensión que me dura un mes y me cuesta 50 mil pesos en la farmacia de la esquina de mi casa. Acabo de estar afuera del país y compre el mismo medicamento en 10 euros, o sea 8 lucas. Es decir, a mí la farmacia en la esquina de mi casa me ha robado 40 mil pesos mensuales por los últimos 5 años. Si los sumo, me han robado 2 millones y medio. Y si voy a la otra farmacia de más allá, en vez de 50 mil me lo venden en 48.500, y así. Es una tomadura de pelo. Claro, es un ejemplo puntual y sin importancia, pero todo el mundo fue sumando malestar, enojo. ¿Y los señores de las farmacias no se daban cuenta que nos estaban robando? Porque esta cuestión es un robo”.

-Y usted es de los grupos privilegiados. En otros sectores, esta situación es muchísimo más dura.

-Hay muchas realidades, estoy consciente de eso. Soy consciente de que en este momento soy un privilegiado que lleva muchos años en la universidad, que tengo esta linda oficina, que vivo por aquí cerca en un barrio agradable, que tengo una entrada muy superior a la media. Me da rabia que me roben con los remedios, pero puedo pagarlos. Hay una inmensa mayoría que no puede darse el lujo de que les roben esos 40 mil pesos mensuales, porque no los tienen.

***

-Profesor, ¿ha leído la Constitución?

-No, pero la voy a leer.

-¿Para usted es urgente cambiarla?

-La Constitución no va a solucionar nada per se, pero va a permitir que se solucionen las cosas: las soluciones de fondo se podrán hacer sólo después de que se cambie la Constitución. Si no la cambiamos, así como también ese concepto del Tribunal Constitucional y los rottweiler que están ahí para defenderla, no vamos a resolver ningún problema.

“Creo que el gobierno atinó y que por su parte los políticos se dieron cuenta de que este carnaval en que vivían, la cueca en pelota como diría Nicanor Parra, no va más y tendrán que ponerse al menos una zunga o una tanga”.

-¿Qué le parece el acuerdo transversal de parlamentarios para una nueva Constitución?

-Creo que para que sea un buen acuerdo tiene que ser insatisfactorio para todos. Hoy escuchaba en la tele a un señor de ultraderecha que estaba indignado con el acuerdo, porque decía que se habían rendido. Y en el otro extremo, hay un par de movimientos del Frente Amplio también muy insatisfechos. Entonces puede que sea un buen acuerdo. Si 8 movimientos firmaron y convergieron en lo que se pudo, me saco el sombrero y los felicito. Creo que el gobierno atinó y que por su parte los políticos se dieron cuenta de que este carnaval en que vivían, la cueca en pelota como diría Nicanor Parra, no va más y tendrán que ponerse al menos una zunga o una tanga.

-Pero a usted, en lo personal, ¿lo dejó tranquilo?

-Me parece que llegar a una Constitución en que 2/3 esté de acuerdo va a ser más o menos difícil, o casi imposible, en los puntos más esenciales, como por ejemplo el rol subsidiario del Estado… Yo estoy contento que se haya logrado un acuerdo y me parece fantástico que a mí no me guste completamente.

-Para armar la nueva Constitución, ¿está por una Convención mixta con parlamentarios o una Convención sólo de ciudadanos?

-La segunda opción; porque no quiero a ningún parlamentario metido allí. Hay tantas cuestiones donde los parlamentarios van por un carril y el sentir popular va por otro. Y me gustaría que en esa Convención hubiera representantes de los pueblos originarios, de los gremios, de la academia de las universidades, de los sindicatos de la minería, de los obreros portuarios, de los pescadores. La sociedad representada transversalmente.

-¿Usted estaría disponible?

-(Suspira) Mira, yo me siento feliz haciendo divulgación de la astronomía, tratando de entusiasmar a los jóvenes para que piensen más. Y claro, con una pregunta hipotética es complicado dar una respuesta.

-Ya se comenta su nombre.

-Hoy estoy feliz haciendo lo que hago y no estoy pensando en otras posibilidades. Pero a mí me gusta mirar las cosas desde varios ángulos… O sea, si hay una asamblea donde van a haber 5 mil asambleístas y las reuniones van a ser en el Estadio Nacional, la verdad es que preferiría abstenerme porque perdería el tiempo. Hablaría apenas 15 segundos y tendría que escuchar a los otros 5 mil…

-Serán muchísimos menos, profesor.

-Bueno, si hay una cuestión que fuera conducente… Yo ya te he hablado de lo que creo son abusos ostentosos, cosas que hay que corregir, y creo que yo puedo presentar un punto de vista: la educación -que es la madre de todas las batallas- y el apoyo a la ciencia y tecnología son dos cosas sine qua non para ser un país desarrollado. Lo mismo industrializarnos. Esas tres cosas yo las tengo clarísimas en mi cabeza…

-¿Y si viera en esta Convención un espacio para que esas ideas quedaran integradas a la nueva normativa?

-Entonces lo pensaría, sí.

***

-En estas cinco semanas de crisis, ¿qué le ha parecido el presidente Piñera? En otras ocasiones ha sido bastante duro con él.

-Dicen que en el boxeo el golpe que te noquea es ese que no viste venir. Y que cuando el charchazo lo viste, de alguna manera el golpe no te noquea. Yo diría que el casi nocaut técnico en que ha estado el Presidente es porque el golpe no lo vio venir en absoluto. Por otro lado, este golpe lo desarma. Él decía “arriba los corazones, porque vendrán tiempos mejores”… y vino esto. Creo que se equivocó de puerta como en el show de Don Francisco. “Elija la puerta uno, la dos o la tres”; y cuando pensó que le iba a tocar el refrigerador, le salió el Chacal de la Trompeta. Quedó totalmente desconcertado, paralizado. Yo lo he visto errático y ausente. Lo que alguien decía en la radio es que el problema que tiene él ahora es que se quedó sin relato, sin nada. Tiene 27 meses para tratar de que el barco no se hunda y llevarlo hasta el puerto que va a ser el cambio de mando.

-Eso que percibe en él, ¿lo ha visto reflejado en su actuar, en sus intervenciones?

-Sí. Yo no puedo entender, por decirte una cosa, que el Presidente salga a agradecer a los manifestantes; si los manifestantes le están diciendo que no quieren más lo que él como persona natural ha construido en 30 años. ¿Cómo él va a estar agradecido de quienes le dicen que está totalmente equivocado?

“(Piñera) decía ‘arriba los corazones, porque vendrán tiempos mejores?… y vino esto. Creo que se equivocó de puerta como en el show de Don Francisco. ‘Elija la puerta uno, la dos o la tres’; y cuando pensó que le iba a tocar el refrigerador, le salió el Chacal de la Trompeta”.

-Mientras avanza el proceso de la nueva Constitución, que parece haber descomprimido un poco el ambiente, ¿qué otras cosas deberían hacerse para afirmar la calma?

-Hay una serie de cosas que se pueden hacer. Tal como veo la cosa, el modelo de desarrollo que hemos tenido en Chile hay que mantenerlo, pero como dicen unos amigos: Chile es como la Corea del Norte del capitalismo. Hay que ponerle atajo a los desmanes del modelo. Se necesitan señales claras de que se acabaron los abusos. Mejorar bien las pensiones mínimas, por ejemplo. De hecho, recuerdo una historia…

-¿Sobre jubilaciones insuficientes?

-Sí. Hace un tiempo atrás, antes de esto, veía a una señora jubilada, profesora creo. Ella decía que iba a la feria libre cerca de su casa, que allí de repente botaban un repollo porque estaba feo y ella lo recogía. En su casa le cortaba todo lo feo y lo usaba. En el fondo, iba al basurero de la feria libre para buscar algo con que hacerse una sopa. Porque con una pensión de 80 mil pesos, gastaba 20 ó 30 mil en medicamentos, algo tenía que pagar por la piecita donde habitaba, y no le quedaba plata para comer. Entonces si Chile es un país de 25 mil dólares de PIB per cápita, ¿cómo Chile no va a poder tener un paquete de soporte para esa gente? No es posible que en nuestro país haya gente que viva con hambre.

-Mirando el futuro, a partir de lo que está ocurriendo, ¿está optimista?, ¿escéptico?, ¿cauto?

-Estoy razonablemente optimista.

-Para terminar, profesor, ¿usted es de los que hablan de Plaza Italia o de los que la llaman Plaza de la Dignidad?

-Mira, cuando esto amaine y empecemos a construir un país sobre bases más decentes que las actuales, yo estaría totalmente de acuerdo en que le pongan Plaza de la Dignidad a la Plaza Italia. Y que pongan ahí la lista de las 20 ó 25 personas que murieron en esto, para que no nos olvidemos nunca.


Fuente
latercera.com
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