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¿Por qué el Comunitarismo? Porque es una idea vigente y vital

Por Luis Ruz. Es Licenciado en Ciencias Políticas, Administrador Público de la Universidad de Concepción. Es Diploma en Estudios Europeos. Posee un Magister en Políticas Públicas de la Universidad Adolfo Ibáñez. Se ha desempeñado en diversos cargos directivos de la administración pública. Ha sido profesor en el Departamento de Administración Pública y Ciencia Política de la Universidad de Concepción. También fue Colaborador Docente en la Escuela de Gobierno de la Universidad de Chile y académico en la carrera de Administración Pública de la U. de Los Lagos. Ha sido consultor del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). En la actualidad es académico de la Carrera de Administración Pública de la U. Tecnológica Metropolitana y de la U. Alberto Hurtado. Es también Vicepresidente del Centro Democracia y Comunidad (CDC).

Se nos ha invitado a reflexionar sobre por qué el comunitarismo. Es una invitación
desafiante porque, de alguna manera, supone respondernos a nosotros mismos si
realmente coincidimos con los conceptos de esta tradición intelectual que define a las
personas y su vínculo vital con la comunidad. También es un ejercicio que exige cierta
valentía porque hoy la “moda” está más bien definirse desde el liberalismo y el
neomarxismo (nuevo colectivismo) o derechamente no tomar posición.
Para introducirnos a esta reflexión, haremos una revisión de algunas características
de la nueva sociedad nacional y los conceptos principales en torno a la filosofía de la
comunidad. Para este objetivo, dividiremos este texto en cuatro reflexiones generales.
Primera reflexión: asistimos al surgimiento de un nuevo Chile2
.
Una primera idea que describe bien esta nueva composición social es aquella que
indica que estamos en presencia de nuevos chilenos y chilenas. La mayoría de este grupo
se percibe a sí mismo como una gran clase media que ha logrado acceso creciente al
consumo. Se trata de una sociedad cuyas características son propias de sociedades abiertas
y con economías de mercado.
Esta idea que parece algo obvia y elemental no lo es tanto si pensamos que el 45%
de los chilenos post dictadura, esto es 1990, vivían en situación de pobreza. Solo este dato
demuestra lo mucho que ha cambiado la composición social de nuestro país durante los
últimos años. En el plano valórico, los estudios indican que hemos caminado hacia una
sociedad menos conservadora y que se ha ido apartando de las creencias religiosas
tradicionales.

Por lo tanto, esta nueva realidad social se sostiene sobre un significativo número de
compatriotas (y crecientemente inmigrantes que se incorporan a este grupo) que poseen
un conjunto de características que explican su actuar y también su mirada respecto de la
convivencia social. Algunas de estas características tienen que ver con lo siguiente: 1) la
valoración del mérito, el esfuerzo personal y las nuevas oportunidades; 2) la valoración por
tener acceso al consumo; 3) la valoración por las oportunidades económicas (a pesar de
vivir endeudados y estresados); 4) una visión crítica respecto de la autoridad y del poder en
general; 5) un comportamiento pragmático, más allá de las ideologías tradicionales.
En síntesis, es una sociedad más diversa, que se aleja de algunas tradiciones que
hemos conocido durante las últimas décadas y que, en el plano político, no manifiesta
adhesiones cerradas a partir de ideologías puntuales.
Segunda reflexión: algunas ideas del Comunitarismo que nos vuelven a convocar.
Para esta segunda reflexión debemos comenzar diciendo que el debate sobre el
comunitarismo tiene distintas vertientes. Es necesario precisar que, bajo este marco
propio de la filosofía de la comunidad, hay distintas miradas sobre cómo se aprecia esta
modernidad que hoy vemos.
Una de estas vertientes es la que han propiciado un conjunto de intelectuales del
mundo anglosajón motivados principalmente para oponerse a los postulados liberales.
Aquí encontramos a autores como Charles Taylor, Michael Walzer, Michael Sandel, entre
otros. Ellos han sido parte de lo que se ha conocido como la discusión entre “liberales y
comunitarios”3
. Esta vertiente surge como una crítica a las nociones defendidas por la
filosofía liberal, particularmente aquellas de carácter individualistas y utilitarias.

También existe otra vertiente, de otra época y momento histórico, que se relaciona
más directamente con la tradición de la Democracia Cristiana. Nos referimos a intelectuales
como Jacques Maritain, Emmanuel Mounier, León Bloy y Jaime Castillo Velasco, entre otros.
Este segundo grupo de intelectuales hicieron una aportación vital sobre la idea de
persona y comunidad4
. La tesis central de esta reflexión es comprender que ambos
conceptos están indisolublemente ligados y que sostienen la vida social en los diversos
planos y ámbitos.
Por cierto, debemos decir que ambas vertientes tienen que ver con la pregunta
sobre el significado de la comunidad y sus fundamentos filosóficos y que posee elementos
que orientan la acción política. Se podría sostener que son dos afluentes de un mismo
cauce de agua.
Dicho lo anterior, para comprender lo que significa la noción de comunitarismo
acudiremos a las ideas y reflexiones del maestro Jaime Castillo Velasco5
.
Para Castillo Velasco, el comunitarismo es la concepción que destaca
simultáneamente el valor de lo individual y de lo social. En el plano político, armoniza los
derechos del individuo frente a la sociedad, con los derechos de la sociedad frente al
individuo6
.
Destaca que, dentro de la tradición filosófica de origen cristiano, el hombre es
persona, no es un mero individuo. Es más bien una persona que vive con otras personas.
Aquí surge la vinculación con la concepción cristiana puesto que aquello significa ser
prójimo de su prójimo. Así, la filosofía cristiana desarrolla la noción del prójimo cuando se
concibe al otro hombre (o mujer) como a un prójimo. Es decir, como a un hermano, como
alguien que está cerca y que vale tanto como uno.

La tradición de la cual formamos parte concibe al hombre como persona, que
convive con otras personas, que nos conduce a la idea que la sociedad de la cual forma
parte es también una sociedad de personas, en la que cada uno vale y donde cada uno tiene
derechos. Por lo tanto, en palabras de Castillo Velasco, la comunidad es la relación, es
estar en común, ser con otro, estar con otro con una relación afectiva, moral, profunda,
humana.
Esta misma reflexión la hizo Jacques Maritain, quien llegó a definir que una sociedad
debiera ser: “una comunidad de hombres libres”. En palabras de Mounier, el primer deber
de la persona no es salvar su persona sino comprometerla (con otros, en la acción).
Tercera reflexión: La crítica a la sociedad individualista y a la sociedad totalitaria.
Bajo el marco conceptual antes dicho, el sentido profundo es que la comunidad es
donde se vive la libertad. Esta forma de libertad es la de vivir con los demás y para los
demás.
Por lo tanto, una comunidad de hombres libres no es la sociedad individualista,
porque esta sociedad no es comunidad. La sociedad individualista es aquella en que cada
uno se persigue a sí mismo, no persigue un fin social, no persigue un fin humano que abraza
a todos. Se podría decir que es más bien un fin que se lleva a cabo desde el egoísmo.
Por su parte, los comunitaristas anglosajones nos han dicho que, en cuanto a la
mirada sobre la persona, los liberales sostienen que los individuos son diferentes de sus
fines, valores y concepciones del bien. En cambio, para la mirada comunitarista, esta idea
liberal pasa por alto que las personas también estamos constituidas por valores, fines y
concepciones acerca del bien. La noción comunitaria defiende que también somos fruto de
las formas o estilos de vida que consideramos como correctos

La tradición liberal reduce a la persona solo a la idea de individuo y no consideran
que las personas también poseen tradiciones, costumbres, valores, ideas de la comunidad
(y que se forman a partir de aquello), y, aún más, que no son objeto de una elección
individual, racional y libre.
Es correcto sostener que la persona posee su libertad y autonomía. Pero también
es cierto que esa persona está íntimamente vinculada con una historia y una cultura que
dan sustento a su pertenencia y que constituye su referencia. Se puede decir que son las
caras de una misma moneda.
Por su parte, volviendo a las ideas de Jaime Castillo, la sociedad totalitaria tampoco
es una comunidad de hombres libres. Esta sociedad se sostiene sobre la idea que “lo
colectivo es lo que vale”. De alguna forma, reivindica la comunidad, pero sin libertad. No
es una sociedad libre, sino que es la sociedad en que se ha degradado la comunidad para
convertirse en una sociedad dictatorial. Se trata de una sociedad donde unos pocos son los
que poseen el poder a través de los mecanismos del Estado.
En suma, la idea de una comunidad de hombres libres nos lleva a hacia una vida
social que no se expresa en la sociedad individualista ni tampoco en la sociedad totalitaria.
Por ello, se ha dicho que una sociedad debería ser “una comunidad de comunidades”.
Cuarta reflexión: ¿Por qué somos (o queremos ser) Comunitarios?
José Ortega y Gasset acuñó una frase que propició una interesante discusión. Esta
fue: «Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo»7
.
Parece que esta expresión aplica a la perfección al momento que nos toca vivir como
políticos y políticas humanistas de inspiración cristiana. No podemos pretender representar

los sueños de los nuevos chilenos y chilenas si no logramos superar nuestras propias
circunstancias. Y estas circunstancias tienen que ver, a mi juicio, a lo menos con tres
cuestiones: la primera, es actuar y hablar en el espacio público a partir de lo que somos y
respecto de lo que creemos (sin acudir a trajes intelectuales ajenos); segundo, volver a
organizarnos para influir, pero para servir; tercero, que volvamos a SER una comunidad
política (que comparte anhelos, prácticas y que actúa con unidad).
Finalmente, ¿por qué comunitarios? Sólo me quedo con dos argumentos.
Primero, porque desde la perspectiva de una cosmovisión, entendemos y
defendemos que las personas forman parte de una comunidad. Ambas ideas constituyen
la esencia de toda relación social y que aquello no supone limitar la libertad, sino más bien
promoverla desde la vivencia con otros. En la lógica de la filosofía cristiana, somos prójimos
y, por ende, hermanos.
Y, segundo, desde lo político, porque comprendemos que, si bien el Estado y el
mercado son fundamentales, no son suficientes sin la participación y protección activa de
las personas y las comunidades. El bien común no es un resultado inmediato del Estado y
del mercado, sino más bien es el logro de la convivencia pacífica y armónica de las personas.
En 1942 Eduardo Frei Montalva publicó “Aún es tiempo”. En este texto puso la
siguiente dedicatoria: “A los que sufren las injusticias y la mediocridad presente y
desafiando el sacrificio, la pobreza y aún el fracaso, están dispuestos a luchar con fe una
patria mejor”8
. Ochenta años después, con una sorprendente actualidad, se ajusta a lo que
hoy nos corresponde enfrentar.
La pregunta que nos tenemos que hacer los viejos y nuevos demócratas cristianos,
tal como se hace en el campo, es si ¿volveremos a tomar la mancera? ¿volveremos arar la
tierra para cosechar una sociedad con mayor justicia social y genuina libertad?

Yo estimo que sí. Porque tenemos las ideas, porque pertenecemos a una comunidad
con identidad política y porque somos herederos de una historia que nos permite mirar con
esperanza el futuro.
La idea de comunidad sigue siendo una idea vital. Una idea necesaria para recobrar
el “nosotros” en esta época de individualidades. Mi modesta invitación es que volvamos a
ella.

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