Internacional

Entrevista a Dina Khapaeva: “El gran héroe de Putin es Iván el Terrible”

Para la directora del programa de estudios rusos del Instituto Tecnológico de Georgia y autora de diversos trabajos sobre el régimen de Vladimir Putin, el gobernante ruso “quiere hacer retroceder el tiempo y volver a una sociedad donde la democracia no existía”. Según ella, sus principales influencias son el movimiento neomedieval ruso y el filósofo Alexander Dugin, quienes promueven una “vieja ideología mesiánica” y “la idea de Rusia como la tercera Roma”.

En 2006, Mijail Yuriev, un empresario y exdiputado ruso, publicó El Tercer Imperio: Rusia como debe ser, una novela futurista, ambientada en la segunda mitad del siglo XXI, que cuenta el resurgir del poder de Moscú en el mundo. Y el personaje central de ese proceso es Vladimir II, el Restaurador. Quienes han leído el libro, como la académica rusa Dina Khapaeva, directora del programa de estudios rusos de la Escuela de Lenguas Modernas del Instituto Tecnológico de Georgia, EE.UU., aseguran que anticipa “con asombrosa precisión” episodios como la reciente ofensiva militar rusa en Ucrania o la guerra de Georgia, en 2008.

“El libro es una expresión de la ideología neomedieval, post soviética y antioccidental”, dice Khapaeva. Según ella, el libro –muy popular en el Kremlin- promueve la idea de que la civilización ortodoxa rusa tendrá un rol dominante en el mundo, como escribió en un reciente artículo en la revista The Atlantic. Pero más que eso, la obra de Yuriev resume los peligros que la propia Khapaeva -que conversó sobre ello con La Tercera desde su casa en Nueva York- ha venido advirtiendo desde hace años en una serie de columnas.

En 2017, por ejemplo, escribió que “la admiración de déspotas históricos revela el abrazo a esos valores premodernos, radicales, anti-democráticos e injustos”, en una columna titulada El sueño medieval de Putin. Ello, en relación a la serie de homenajes del Presidente ruso a Iván el Terrible, como la inauguración de su primera estatua o la redenominación de la Av. Lenin de Moscú en su honor. Dos años después publicó otra donde advierte sobre la creciente retórica nuclear del gobernante ruso. “Putin ha hablado de ‘apocalipsis nuclear’ más que cualquier líder occidental, lo que ha llevado a algunos a especular que podría estar amenazando a la OTAN”, apuntó en esa ocasión.

¿Qué cree que busca Putin? ¿Qué piensa que es más importante para él: recuperar la influencia geopolítica de la URSS o la grandeza imperial de la Rusia zarista?

Primero, tratemos de no confundirnos, Putin no es Napoleón, no es Alejandro Magno. Fue un espía del KGB en Dresde y miembro de una banda mafiosa. Esa doble identidad criminal es la que está detrás de todo lo que él hace y de todos sus proyectos. Tenemos que darnos cuenta, mientras tratamos de descubrir cuál es su ideología, que su llegada al poder fue inesperada. Fue elegido por un grupo de personas. No tenía la capacidad para llegar a ser una gran persona y no tiene ideología. Eso es lo más importante. No tiene ideología ni interés en ninguna ideología. La suerte de círculo mafioso que llegó al poder con él tampoco tiene ideología, ni siquiera les interesa. En algún punto creían que la religión ortodoxa serviría a sus propósitos, porque tras la caída del comunismo, hubo un resurgimiento de la Iglesia ortodoxa, una suerte de renacimiento. Se volvió un fenómeno muy especial, porque la gente común y corriente empezó a declararse ortodoxa. Fue una moda. Iban a la Iglesia sin saber muy bien por qué estaban yendo, cuál era el significado de todo ello. No entendían los símbolos de la cristiandad, la diferencia de ser católico u ortodoxo, pero iban igual a la Iglesia. Era parte de la cultura del consumo.

Pero no continuaron por ese camino, ¿por qué?

Porque muy pronto Putin y su entorno se dieron cuenta de que no iba a funcionar. Primero, porque Rusia tiene muchas confesiones y la idea de que la Iglesia ortodoxa tras el colapso del comunismo se convirtiera en el poder unificador nunca habría dado resultado. Y en ese punto, en algún momento en torno a la primera reelección de Putin, su entorno, sus ideólogos, muchos de ellos nacionalistas de derecha, comenzaron a tratar de manejar su agenda, poniendo una serie de ideas en su radar. Para cuando Putin llegó al poder les quedó claro también que la ideología prooccidental, que era extremadamente importante y extremadamente influyente en los años 90 -en realidad desde los años 60 venía creciendo entre la inteligentsia soviética y fue la que llevó al colapso de la Unión Soviética- tampoco les serviría. Por eso, lo primero que hicieron fue tomar como una suerte de ideología el mito de la Segunda Guerra Mundial y la Gran Guerra Patriótica. El único propósito de este mito era crear una narrativa de grandeza. Promovían la idea de que la historia de Rusia nunca había tenido problemas, que la represión, el estalinismo y el terror eran episodios marginales y de menor importancia en esta grandiosa historia rusa. Al final, en este mito militarista de que Rusia siempre fue grande y salvó al mundo del fascismo todo está permitido. Todos aquellos que están en contra de Rusia son nazis. El actual discurso de Putin en relación con Ucrania es ese. Ese mito estuvo muy relacionado con una vieja ideología mesiánica de los conservadores rusos, la idea de la tercera Roma, que Rusia es la heredera de Bizancio y debe llevar la religión ortodoxa a todo el mundo, porque es la única fe verdadera. Es una suerte de ideología originaria. Es también la idea de que Rusia salvó al mundo tantas veces. Fue el escudo de Europa contra la invasión de los tártaros en el siglo XIII, fue el escudo contra Napoleón y luego viene esta gran victoria en la que Rusia sola logra derrotar a ese perverso fascismo que amenazaba al mundo.

Tanques soviéticos en la Plaza Roja en 1991, tras el intento de golpe contra Mijail Gorbachov. AFP

¿Putin y su entorno entonces han ido tomando distintas ideas a lo largo de los años sólo para asegurar su permanencia en el poder?

Eso es cierto. Como decía, él no tiene una ideología, él no puede captar ideas muy complejas. A veces uno lo ve comportarse como un animal político muy astuto, una cualidad que no le niego, pero lo que digo es que su ideología no sólo se basa en esta visión mesiánica de la mitología rusa del siglo XVI, sino también está basada en su comprensión de que su permanencia en el poder es ilegítima. El tema de la legitimidad es muy doloroso para ellos. Por eso tratan con mucha fuerza de crear una agenda ideológica que los legitime. Putin fue un agente de la KGB que presenció el colapso de la Unión Soviética. Para él fue el fin del mundo, fue muy doloroso. Ha hablado de eso muchas veces y el temor a que su poder pueda colapsar de nuevo, pueda desmoronarse, es por supuesto lo que lo mueve desde los primeros días en el poder.

¿Cuál es la relación hoy entre Putin y la Iglesia ortodoxa, porque pareciera que para la Iglesia ortodoxa es útil tener a Putin en el Kremlin?

El problema con la Iglesia ortodoxa es que desde que Stalin destruyó su independencia en los años 20, muchos sacerdotes realmente comprometidos y creyentes fueron aniquilados. Desde entonces, la Iglesia ortodoxa rusa estuvo muy infiltrada por el KGB. En la época soviética, encontrar un sacerdote que no fuera un informante o un agente era una tarea difícil. El KGB veía a la Iglesia como parte de su estructura. Eso era entonces y es, en algún grado, todavía hoy. Su patriarca Kirill es un exagente del KGB y es una persona muy parecida al propio Putin. No creo que la Iglesia esté usando a Putin, sino que el Kremlin está muy activamente usando a la Iglesia para expandir su influencia. Pero lo más importante, especialmente hoy, es que Putin está bajo la influencia de ideologías sectarias que emergen de la Iglesia ortodoxa de fines del siglo XIX y comienzos del XX. Y esas ideas sectarias son muy prominentes, se expandieron y se volvieron muy influyentes en los últimos años. Putin no creo que distinga cuáles son los dogmas ortodoxos y cuáles los puntos de la ideología sectaria. Publiqué un par de artículos en Nova Gazetta, a la que admiro mucho, y en esos artículos cito lo que ha dicho Putin sobre algunos eventos históricos, especialmente sobre Iván el Terrible, que es su gran héroe. Y lo que dice son citas que provienen de esas creencias sectarias y no de lo que dice la Iglesia ortodoxa.

¿Cuánto influyen las ideas de figuras como el filósofo Alexander Dugin en Putin hoy?

Ha habido mucho debate en la literatura especializada sobre estudios post soviéticos. Pero después de lo que estamos viendo en Ucrania, de lo que vimos en Crimea, creo que queda claro. La ideología de Dugin es extremadamente influyente en Putin. Algunos le han dicho la eminencia gris de Putin o el Rasputín de Putin, que es una fórmula que a mí me gusta mucho. No puedo decir nada sobre su relación personal, no tengo contactos en el Kremlin, pero la ideología de Dugin y la ideología del nuevo eurasianismo, por supuesto influyen mucho en la mente de Putin. Y no solo Dugin y la ideología euroasiática, sino también la ideología de la ultraderecha nacionalista rusa. Todas esas personas comparten algunas ideas que llamo el sueño medieval de Putin, o la ideología neomedieval. Putin ha conducido un proceso para celebrar y alabar a la sociedad medieval rusa, esa grandeza de Rusia antes de que fuera contaminada por las costumbres occidentales, por Pedro el Grande. Para esta ideología Dugin es muy central, pero no está solo. Hay muchos otros líderes de ultraderecha que creen que Rusia debe regresar a su pasado medieval, que sostienen que Rusia debe volverse una autocracia y una sociedad controlada por el Estado. Y ¿qué quiere decir una sociedad controlada por el Estado? Bueno, una sociedad de castas, una sociedad que debe ser organizada desde arriba, y Dugin es muy explícito sobre eso. Él habla de la sociedad de castas como la sociedad buena, la que debería ser. Para ellos, Rusia debería volverse una monarquía como lo fue en el pasado y la sociedad debería ser organizada por estrictos principios jerárquicos. Por supuesto, los guerreros deberían estar en la parte alta y los campesinos en la parte baja. Y como uno puede imaginar, esta sociedad debería ser gobernada por el terror. Ellos celebran a Iván el Terrible y aquel primer ejemplo de Estado del terror del siglo XVI. Creen que esa debería ser la sociedad rusa del futuro. Y para lograrlo, para que esa ideología imperial sea dominante, deben controlar Europa, deben conquistar Estados Unidos, deben ser el poder dominante en el mundo. Pero no buscan volver a la Unión Soviética, ellos no quieren volver a la Unión Soviética, odian el comunismo, lo único que les gusta de su legado es Stalin, porque era un conquistador y creó un imperio. Ellos necesitan un imperio, necesitan dominio mundial, porque quién querría vivir en una sociedad como la que aspiran a crear. El dominio mundial es la clave para asegurar el regreso a la sociedad del Estado, al pasado medieval. Y en eso, el derrumbe de la democracia es esencial para ellos.

Pero ¿qué tan lejos cree que Putin puede llegar ahora, en Ucrania?

Hay algunos que creen que Putin no se detendrá en Ucrania sin importar lo mal que le vaya. Para mí es absolutamente claro que Putin no se detendrá en Ucrania, incluso, y sobre todo, si es derrotado en Ucrania. Para él, la forma de ganar algo importante es atacando Estonia –un país de sólo un millón de habitantes- o Polonia. Pero Polonia es más riesgoso, porque son más personas y está más cerca del corazón de Europa. En cambio, las repúblicas bálticas son perfectas para este propósito. Puedes apropiarte de Estonia rápido. Y si nos ponemos en el escenario de que la OTAN no va a morir por Estonia, eso significará el colapso de la OTAN. Esa significaría una gran victoria para Putin, a pesar de su derrota militar en Ucrania. Supongamos que lo mismo pasa con Polonia, el mismo escenario. Es un gran juego político.

¿Podemos estar entonces en el comienzo de una guerra más amplia y más larga, como han dicho algunos?

Si el régimen de Putin no colapsa, si no hay un cambio de régimen en Rusia, la amenaza de una Tercera Guerra Mundial está siempre presente.

¿Usted creía que Putin podía invadir Ucrania?

Costaba creerlo, pero desde que mi familia y yo abandonamos Rusia en 2009 teníamos claro –estaba claro en realidad desde 2005- cuál sería la trayectoria de este régimen. Mi marido era el fundador de un Instituto Superior en Rusia, la primera universidad liberal en el país. Tenía sedes en San Petersburgo y Nueva York y yo dirigía una serie de investigaciones. Por eso, cuando nos fuimos, las personas nos decían, ‘¿pero, por qué se van?’, ‘dejan una posición tan buena’. Pero nosotros sabíamos que esto era lo que venía, me gustaría no haber estado en lo correcto.

Manifestación a favor de Vladimir Putin. AFP

¿Lo que estamos viviendo es más que una lucha entre el tradicional liberalismo occidental y el iliberalismo ruso, hay un objetivo más profundo, según usted?

Timothy Snyder tiene razón cuando dice que Putin odia la democracia, quiere demoler la democracia, la democracia es su enemigo. Pero agregaría que lo que quiere Putin es hacer retroceder el tiempo, quiere volver a una sociedad donde la democracia como régimen social no existía. No es sólo sobre la democracia política o las elecciones, es la idea de que las personas deben ser prisioneras, no tener libertades, no sean libres de cambiar sus profesiones, de moverse. Es la idea de volver a la servidumbre en una forma muy profunda.

Fuente
latercera.com
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