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Argentina se enfrenta nuevamente al fantasma del default

Entre los expertos hay discrepancias respecto a las circunstancias y probabilidades de un cese de pagos, pero el riesgo es cierto. Las causas van desde la falta de un programa económico con reformas estructurales, hasta el aumento de la volatilidad si ganara Cristina Fernández.
Tener un presidente “pro mercados” y contar con el respaldo de un préstamo por US$57.100 millones del FMI, no ha sido suficiente para que Argentina se gane la confianza de los inversionistas.

A la luz de una depreciación de 18% del peso argentino frente al dólar en lo que va del año, la más amplia del mundo, y un alza en el riesgo país de 53% (medido en los seguros de incumplimiento crediticio), es claro que las dudas persisten y, peor aún, crecen de cara a un incierto 2020, cuyas perspectivas se ensombrecen a medida que crecen los temores de un default.
“El mercado se está dando cuenta que Argentina no tiene de dónde sacar los dólares y tampoco está claro quién se los va a prestar para pagar la deuda”, explica Miguel Boggiano, CEO de Carta Financiera, detallando que el riesgo ni siquiera está en los vencimientos a largo plazo, sino en los del próximo año e incluso algunos del presente ejercicio.
Como hace un año
Esta desconfianza del mercado no dista mucho de la observada en abril de 2018, cuando comenzaba el éxodo desde el peso argentino al dólar, en respuesta a tres eventos específicos. El primero fue una conferencia conjunta del gobierno y el Banco Central el 28 de diciembre de 2017, en una escena que generó incomodidad, al dejar en evidencia una falta de independencia del ente rector, mientras ambas partes reconocían que no estaban logrando controlar el alza de precios.

A eso se sumó más tarde la declaración de emergencia ante la peor sequía de 30 años, que arrastró las ganancias del campo, el principal sector exportador del país. Mientras que la guinda de la torta la puso la Reserva Federal, que en marzo de 2018 anticipaba cuatro alzas de tasas ese año, las que en efecto se concretaron.

Para calmar las aguas no fue suficiente una negociación con el FMI, sino dos. La primera tuvo lugar en junio y no evitó la más agresiva corrida cambiaria, en agosto. La segunda fue en septiembre y junto con contemplar el típico ajuste fiscal que pide el organismo, vino acompañada de un ajuste monetario y la implementación de bandas, en las que se flota el dólar sin intervención del Central y que se movían mensualmente de manera ascendente.

Aunque se llegó a disfrutar de la calma por unos meses, las aguas hoy se vuelven a agitar. Si bien era de esperar el aumento en las tensiones, dado el contexto electoral, hubo datos de la economía que volvieron a encender las alarmas y que le pasan la cuenta a Mauricio Macri.

El gobierno esperaba que la inflación continuara desacelerándose este año, como lo había hecho en los últimos tres meses, pero no ha hecho más que subir. Desde el 2,6% (mes a mes) de diciembre de 2018, a 2,9% en enero, 3,8% en febrero, cuando interanualmente superó el 50%, y 4,7% en marzo.

Faltaron reformas
Mientras la realidad golpea las expectativas gubernamentales, las dudas del mercado crecen al ritmo de los cuestionamientos de los economistas.

“La situación está complicada, porque las medidas que se han implementado son muy coyunturales, tratan de remediar los problemas que tiene el mercado en el momento y no resuelven los problemas que hay de fondo”, asegura Horacio Pozzo, académico de la Universidad Católica de la Plata, resaltando la necesidad de reformas en el área fiscal y laboral.

Ante la ausencia de esos cambios, que le den más sostenibilidad a la economía transandina, “Argentina tiene que renegociar con el FMI, ya que sin acceso fluido a mercados financieros internacionales la probabilidad de default crece sensiblemente, a pesar de que los números fiscales y de cuentas externas no muestran una situación complicada”, sostiene Pozzo.

Las reformas también las echa de menos Boggiano, quien -a estas alturas- ve a la actual administración sin margen de acción. “En conceptos futbolísticos, está en los descuentos, va en el minuto 25 del segundo tiempo, tiene siete jugadores y dos acalambrados, no sabe cómo llegar al minuto 45 y está perdiendo 3-0 y no quiere perder 10-0. Está muy complicado”.

Post elecciones
Más confiado se manifiesta Marcos Buscaglia, execonomista jefe para América Latina en Bank of America, quien cree que las cosas ya están mejorando. Señala “tener confianza en que la inflación va a bajar”, que la recesión llegue a su fin gracias al repunte del campo, y valora las medidas del Central, como la fijación de la banda cambiaria hasta fin de año, y del Ejecutivo, como los créditos para la vivienda y las personas de menos ingresos, mientras vaticina que se vendrán más anuncios contracíclicos.

Sin embargo, duda del futuro post elecciones. “El mercado tiene claro que si gana Cristina (Fernández), básicamente la posibilidad de un default, junto con controles cambiarios, es muy alta”, asegura Buscaglia y agrega: “Si hay quienes dudan sobre la situación de deuda con Macri ganando, imagínese la voluntad del mercado de financiar al gobierno con Cristina presidenta, es cero”.

En este punto también difiere con Boggiano, porque este último dice que el riesgo no distingue candidatos. Si bien sostiene que “nadie quiere volver al desastre institucional que representó el kirchnerismo”, indica que “desde el punto de vista económico, de cómo se repagará la deuda, da lo mismo si gana Cristina o Macri, porque los dólares van a seguir faltando. Vamos a una reestructuración de manera inevitable”.

Fuente
latercera.com
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